+34 671 476 891 info@tobba.es

Cádiz tiene mil tesoros que descubrir: torres miradores que sacan el pescuezo para ver el mar, cámaras oscuras y catedrales (en plural y todo), campanarios sobre el océano, una cueva santa con Goya, un greco hospitalizado, un Museo Provincial infravalorado, fortalezas y casas señoriales de un tiempo cosmopolita y transatlántico.

 

Las guías turísticas son un género en sí mismo. Cuentan con una larga lista de anónimos lectores, desconocidos autores, editoriales especializadas y hasta coleccionistas. Como todo texto, ahora está sometido a la revolución digital. Salta del soporte de papel a las pantallas pero el sentido es el mismo: ayudar al viajero a descubrir lo mejor de cada lugar para que pueda aprovechar el tiempo.

Conviene verlo, descubrirlo, todo despacio pero hay más. Siempre hay más.

Tobba quiere contribuir a esa nueva generación de guías cibernéticas en la que todos aportan con estas siete pistas nada artísticas, canallas, obreras, puede que horteras, pero siete cosas que ver en Cádiz que difícilmente aparecen en ninguna guía turística respetable. Probablemente no lo merecen pero sirven para entender la ciudad tanto como su deslumbrante pasado de 2.700 años de civilizaciones de paso, de ida y vuelta. De ida y vuelta a Tobba, claro, donde hay que recalar para tomar fuerzas antes y después de cada una de estas supuestas visitas propuestas.

1. Catamaranes

Desaparecido el histórico Vaporcito del Puerto, los nuevos catamaranes pueden carecer de glamour y encanto retro pero permiten disfrutar de un paseo marino espectacular. Contemplar el perfil del casco antiguo de Cádiz al salir, o llegar, permite comprender el carácter de una ciudad claustrofóbica por la omnipresencia del mar, que la condena y la libera. Las panorámicas que ofrecen dan a entender las dimensiones de la Bahía, de los recintos portuarios, de la importancia olvidada del río Guadalete.Alameda Apodaca

En menos de media hora permite conectar con El Puerto de Santa María y Rota, dos ciudades históricas, llenas de tesoros que descubrir (muy abandonado el casco antiguo portuense, por desgracia) y con un potencial gastronómico sorprendente. El Arriate, Aponiente, El Tragaluz o Shanghai 1968 son algunos de los establecimientos que buscar, entre otros muchos. Nadie se arrepentirá de haber visitado ninguno. La frecuencia de salidas y llegadas es alta, pero conviene asegurarse antes de que las líneas no están suspendidas por fuerte viento, algo que pasa con cierta regularidad.

2. Segundo Puente

Es una obra de ingenería humana. Prepotente, soberbia y cara, como todas pero impresionante y asombrosa como los mejores y mayores edificios o máquinas. Ocho años de obras, inaugurado en 2015, cientos de millones de euros después, tres kilómetros de recorrido, el segundo puente más extenso de Europa, el de mayor gálibo (punto más alto de la estructura) del continente. Recorrerlo puede ser una experiencia pero contemplarlo también. El mejor ángulo es el que ofrece la Avenida de la Bahía. Es mejor recorrerla en sentido hacia el casco antiguo (Mercadona o el campo de fútbol pueden servir de referencias visuales para comenzar el paseo). El pequeño puerto deportivo Viento de Levante, además de ofrecer unas tapas respetables, da el mejor ángulo para contemplar, apreciar dimensiones y hacer fotos.

Segundo Puente Cádiz

3. Barrio de Santa María

barrio_santa_maria Es el barrio flamenco, el más olvidado por muchos visitantes pero también por los propios gaditanos. Sólo parece importar a sus vecinos. Mejoró mucho en la primera década del siglo XXI gracias a un incompleto programa de rehabilitación de fincas. Cuatro siglos que contemplar os contemplan en su estructura intacta de calles. Todavía es posible ver a los últimos mayores que se sientan en los portales a la fresquita en verano. Todavía existen tertulias de barra y esquina. Recorrer sus estrechas calles es asumir la parte de pueblo andaluz, árabe, que siempre tuvo Cádiz, incluso cuando fue comercial, próspera, internacional y refinada. Se puede, se debe, jugar a recorrer las placas que señalan quién nació en cada casa. Legendarias figuras del flamenco y el toreo marcan el recorrido. También hay alguna sorpresa contemporánea en forma de artistas pop o autores de Carnaval. Teniente Andújar, Público, Jabonería, Plaza de la Merced son algunos nombres de calles y vías con las que montar el pequeño laberinto para darle vueltas sin mucho sentido, a improvisar. Para tomar algo, sólo hay que preguntar por las vecinas Sopranis y Plocia, llena de locales excelentes.

 

4. El Paseo del Vendaval

Con ese nombre, ya apetece. Y como sople viento no habrá que preguntar por el origen de su denominación. Es el tramo del Campo del Sur que pasa tras la Casa de Iberoamérica (conocida por los mayores como Cárcel Real por su pasado reciente como prisión en la primera mitad del Franquismo). Sirva esta zona para resaltar que los tesoros históricos están dentro del casco antiguo pero los mejores paseos están en su perímetro. La Alameda Apodaca es otra prueba por la que preguntar. Un amigo gallego dice que es su “lugar triste preferido del mundo”. Ha viajado mucho y sabe lo que dice. Es como un jardín romántico de 200 años de vida asomada a la Bahía. Cádiz se disfruta por dentro pero también, sobre todo, por fuera, por ese mágico borde marítimo del casco antiguo. Eso sí, aún haya tramos (San Carlos, Paseo de la Punta de San Felipe, El Olivillo y Campo de las Balas…) sometidos a cierto abandono y con muchas carencias en cuanto a conservación o limpieza.Casa de las Américas sobre el paseo del Vendaval

5. Dulces




Las guías turísticas prestan mucha atención a dónde almorzar o cenar, algo menos al desayuno y a la merienda, a la repostería, a los golosos. Conviene no dejar Cádiz sin conocer algunas de sus maravillosas pastelerías. A los clásicos del marrón glacé, los bombones y los caramelos de marcas antiguas les asombrará Maype (calle Corneta Soto Guerrero, muy cerca de plaza de España). A todos los públicos les gustará el imprescindible hojaldre de Casa Hidalgo, justo frente a la Catedral. Es como la Meca para los amantes del dulce y la empanada. Hay que ir una vez en la vida, al menos. En la calle Alcalá Galiano, a 20 metros del Mercado Central, Le Poeme, y muy cerca de Tobba, en la calle Uruguay, La Belle de Cadix. Cada una es diferente del resto pero todas son una exquisitez que completarán con calorías un buen paseo. Para estabilizar el nivel de glucemia, no por vicio.

6. Cortadura y Santa María del Mar

La impresionante Victoria, tan larga y ancha, urbana y equipada, tan bien formada o la coqueta y pequeña Caleta se llevan todos los piropos, todas las coplas, las visitas y las menciones en las guías pero conviene recordar que la ciudad tiene dos playas más. Cortadura es impresionante, salvaje, ajena a la construcción, cobijada por dunas duneras, con fama de lugar para la transgresión, emplazamiento con carteles como gay o nudista pero a la hora de la verdad es una orilla de casi cuatro kilómetros, limpia en la que apenas hay bañistas, visitantes ni paseantes (julio y agosto al margen). Ideal para practicar o contemplar deportes náuticos con tablas, velas, cometas y esos artefactos maravillosos. A unos 300 metros de la curva del acuartelamiento de Torregorda, en la zona conocida como La Gallega, hay unos corrales naturales que crean pequeñas piscinas de agua salada de transparencia sobrecogedora. Si la visita se produce entre la mitad de la primavera y el final del siguiente otoño, conviene probar un baño inolvidable. Santa María del Mar, pequeña y recogida, artificial y urbana, también es una delicia en bajamar y punto de concentración de la pequeña colonia surfera local.

Playa de Santa María del Mar y Campo del Sur

7. Otro balconing

San MiguelAlguien dijo con tino que Cádiz era una ciudad para disfrutar mirando hacia arriba. Especialmente en el casco antiguo. Rebuscar formas ostentosas o elegantes en balcones y fachadas puede considerarse deporte olímpico para los visitantes. De hecho, muchos hacen fotografías insospechadas donde los lugareños no encuentran nada destacable. Son portales (casapuertas en dialecto local), o ventanales, balcones de otro tiempo, cierros, incluso farolas, esquinas, un San Miguel pisando a un demonio (debes encontrarlo por tí mismo pero ya llevas la pista puesta)… Las sorpresas están ahí fuera, concretamente ahí arriba. El entorno de la plaza de San Francisco y de Mina, las calles Columela y Rosario son un buen punto de partida para dar vueltas sin ton ni son pero, eso sí, con la cabeza bien alta.