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Uno por Hemingway, otro por James Bond, el tercero por Dino Crocetti. El cuarto por las mujeres buenas, bonitas y bravas. El quinto, también. El sexto, por los hombres que puedan ser como ellas.

El último, por Miguel Montañés, el maestro coctelero gaditano que se retiró el pasado sábado 26 de noviembre.

 

Echó la baraja por última vez a la última de sus barras en compañía de unos cuantos amigos. Fue campeón de España de coctelería en los años 80, discípulo del único campeón del mundo que ha tenido el país, Enrique Bastante. Con ese apellido, estaba predestinado a ser un superdotado para las cantidades, para la mezcla exacta de cada ingrediente.




Por esos siete motivos humanos y artísticos, por esas personas o personajes que los disfrutaron y los merecen, se puede y se debe brindar con siete cócteles, siete. Todos con ginebra, para probar en días distintos, sin prisas y en un lugar a la altura de las circunstancias, como Tobba.
El cóctel, más que moda, es distinción, estilo. En homenaje a esa norma, ninguno de los siete será un gintónic. Hay vida, y qué vida, más allá de la quinina. Todo es ponerse, mejor que ponérselo. Que nos lo pongan como sólo saben los profesionales.

 

1.- Dry Martini

El primero, el último y el esencial. La especialidad de Montañés y el preferido de los más grandes hombres del siglo XX. Roosvelt eligió esta copa para brindar por el final de la Ley Seca en Estados Unidos. Tiene la grandeza de la sencillez. Cinco partes de ginebra seca, dos de vermú, hielo y piel de limón. Hay que agitarlo levemente, a ver si nos va a reñir 007. Ya con hielo y en una copa enfriada.

 

 

2.- Tom Collins

El más cachondo. Cuentan que su origen era un gran cobazo al más puro estilo gaditano. Cuando alguien pedía una copa así, con otro nombre que se perdió, un listo le decía: “Un tal Tom Collins pregunta por usted en la puerta”. El panoli se iba a mirar y cuando volvía, su copa estaba vacía. Lleva cinco partes de ginebra y dos de zumo de limón pero su potencia queda compensada con dulzor gracias a un chorro de sirope de azúcar y otro golpe de gaseosa. Se le añade hielo y ya está. Delicioso y engañoso como el que decía que te estaban buscando fuera.

 

 

3.- Pink Lady

El favorito de La Pantera Rosa. El color se lo aporta la granadina. Basta con dos partes para combinar con cuatro de ginebra y una de zumo de limón. Hay que agitarlo con fuerza y garbo en coctelera y servir con mucho hielo en copa enfriada, como en todos los anteriores. Tiene aspecto cursi pero su sabor es sedoso y tiene la misma potencia que los anteriores. El que quiera engañarse, la que quiera pensar que es para niñas, se llevará una sorpresa.

 

4.- Vesper




Otro cóctel con mitología. James Bond lo pedía en la película ‘Casino Royale’, el teórico inicio de la serie, y ya se le quedó. Admite muchas variantes pero la más aceptada va con dos partes de vodka y cuatro de ginebra. Dos de vermú para compensar y una de limón (o sólo la piel para los más osados). Hay que agitar bien y cuidar que siempre esté en contacto con el hielo, con una copa fría. Después de tomar uno, está demostrado que no te conviertes en 007 ni en chica Bond pero, en muchos casos, te lo crees.

 

5.- Negroni

La dolce vita, la elegancia como sólo la conciben los italianos. Fue un conde del Piamonte el que lo inventó mucho antes de que Fellini retratara en blanco y negro a los vividores de Roma, Milán y Turín. Lo inventó ese noble por casualidad y porque ya se sabe lo que pasa con el tiempo libre: el ocio es el padre de todos los vicios. Este, en concreto, es delicioso. Va con tres partes de ginebra, tres de vermú rojo y tres de Campari. Mucho hielo y, tras ser agitado con firmeza, una rodaja de naranja, nunca de limón.

6.- Gin Fizz

El más refrescante, el veraniego, el recetado cuando salta el Levante en pleno verano y la boca se queda como una babucha de esparto. Es muy dulce y lleva mucho limón, de ahí su potencia para acabar con la sed. Tiene más de un siglo de vida y es de los más conocidos en Estados Unidos. Se hace con cuatro partes de ginebra, una de limón, una clara de huevo, un toque de gaseosa y sirope de azúcar, mucho, mucho hielo, incluso picado. Conviene agitarlo primero sin hielo y, después, otra vez cuando se le haya añadido todo el que queramos.

 

7.- Bronx

Su origen se sitúa en el exclusivo hotel neoyorquino Waldorf Astoria, en el primer tercio del siglo XX, la era dorada de la coctelería. Cuentan que los camareros usaron un excedente de naranjas para crear una bebida que convenciera a su exigente clientela y bien que lo lograron. Efectivamente, lleva un buen chorro de zumo de naranja, dos partes como mucho. El resto consiste en dos de ginebra, dos de vermú seco y dos de vermú dulce. Hay que agitar bien antes de servir con generosa ración de hielo en copa helada.

Últimos ingredientes básicos:

El cóctel es una bebida de otro tiempo, nacida cuando había pausas y esperas que se disfrutaban, a casi nadie enervaban. El mejor honor que se le puede hacer a un cóctel es tomarlo sin prisa, con moderación, en un momento de reflexión o conversación. La mejor forma de estropearlo es beberlo de un trago, tomar demasiados. Suelen tener mucho componente de licores de graduación alta, en este caso ginebra.

Antes de una cena, antes de una cita, durante un encuentro con pocas personas, quizás mejor sólo con una. No es una bebida para grandes grupos aunque pueda ser degustada en eventos. Es un trago meditado y sereno, de cuando podíamos estar un rato sin el móvil, en el que cada retraso era una ocasión para dejar reposar el espíritu, el que lo tenga. Hablamos de bebidas espirituosas.

Algunas combinaciones pueden parecer suaves por lo equilibrado de sus ingredientes, por lo exquisito de la mezcla, pero su potencial etílico siempre es alto. Cuidado.
Mejor, como siempre, hacer caso a Frank Sinatra, símbolo legendario del tiempo en el que estas bebidas se disfrutaban: en su mítica canción pide “una por mi chica y una para el camino”. Pues eso, dos es suficiente y, la vuelta a casa, andando, como hace el mito al final del vídeo.