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A las 6.24 minutos del pasado miércoles 21 de Junio comenzó el verano según la gente que sabe porque ha estudiado el fenómeno.

El verano madruga y cumple. Hace y no dice. Llega sin pedir permiso ni perdón. Levanta la baraja y enseña un pornográfico escaparate de fantasías amasadas en silencio durante meses de encierro en coches y oficinas, en pisos y días pareados. Todas las luces y las orillas, los paseos y la risa sin prisa aparece en estado de revista en esas estanterías, a la espera de que cada cual coja lo suyo.

 

La playa aparece en más de la mitad de esas ilusiones. Tobba tiene la mejor. La playa Victoria con cuatro kilómetros de océano Atlántico recto, derechito, bien alineado, con arena limpia de sobra y agua clara como la comparsa (clave para los lugareños).

Es la mejor terraza del lugar, el mejor chiringuito posible, lo mejor de dos mundos, un palco VIP para entrar a vivir, amplio, iluminado y equipado como ninguno, sobre el mar, con la mejor oferta, en el mejor sitio y en el momento oportuno.

Pero la playa, todos los días, cansa. Como las perdices y la langosta, agotan al más vividor/a si la repetición es excesiva. Hay que alternar, como vigilia y sueño. Ningún sitio mejor que Tobba para hacerlo, ningún lugar mejor que Cádiz para combinar las mejores playas de Europa (las urbanas de Cádiz, las más salvajes a menos de una hora en coche) con otros planes sin arena y con calzado. Sólo para volver a coger la orilla y el protector solar con más ganas.

Playa salvaje en Cádiz

Sólo para regresar a Tobba a por el siguiente plan. Sólo es parar para poder tener más.

Aquí van algunas pistas para disfrutar este verano en Cádiz fuera (un rato sólo) de las playas.

 

1.      Allá en lo jondo

Cádiz forma parte del triángulo natal de una de las músicas más fascinantes del mundo junto con Jerez o Sevilla o los puertos (Puerto Real y El Puerto de Santa María). Aun así, este prodigio permanece eclipsado buena parte del año, todos los años. El visitante puede eludir el error en el que caen tantos gaditanos y acercarse a descubrirlo una noche cualquiera.

Una de las primeras citas, entre decenas, que merecen atención llega el 20 de julio. El maestro de la guitarra Tomatito, compaña legendaria de Camarón, y Rancapino son los protagonistas. Será en el Baluarte de la Candelaria, con lo que a la ida o a la vuelta se puede disfrutar del paseo por la Alameda Apodaca, uno de los perfiles más románticos, desconocidos y descuidados del casco antiguo.

Luego hay más fechas, con más figuras, en este mismo programa ‘Estival Flamenco‘ o en la Fiesta de la Bulería en Jerez y en una veintena de convocatorias que merecen mucho la pena, inseparable del cante. También hay alegrías. Todo en su momento.

Sin miedo, esto del flamenco es como el vino, el jazz o la vida. Se prueba sin saber y si emociona, se sigue. No hay nada que pensar ni conocer antes. Se trata de sentir.

guitarra flamenca Cádiz

2.      Que la vida es breve

Otro de los tesoros gaditanos que los lugareños valoran poco es el vino. Sus finos y manzanillas, sus olorosos y generosos, dulces y secos son apreciados en medio mundo pero pasan de puntillas en su propia casa. Lo del profeta llamando a la Tierra… Visitar una bodega es una experiencia memorable. Si el anfitrión está por la labor, y los hay magníficos, será todo un aprendizaje. No es imprescindible beber alcohol, sólo disfrutar de la historia y las historietas, de la sombra, el olor y el tacto. Los precios son más que razonables y a nadie se le ocurriría pasar por La Rioja sin visitar una. El Puerto de Santa María, Jerez y Sanlúcar son los destinos más deseables, por el entorno de las bodegas también. Para echar el día. O la semana. Los datos básicos pueden encontrarse, entre otras webs, aquí:

Bodegas Faustino González

3. Indiana Jones nació en Los Callejones

Los que creen que la Historia es aburrida son unos aburridos. Cuenta la leyenda que Cádiz es el emplazamiento urbano más antiguo de Europa, con restos humanos que tienen 2.700 años de vejez demostrada. Sólo por respeto a esa edad, conviene acercarse. Sobre todo si la visita es con niños, la fascinación que provoca la curiosidad está garantizada. Por ejemplo, en el yacimiento Gadir (calle San Miguel, en el casco antiguo) con la historia del pobrecito Mattan, el primer gaditano empadronado como tal, que estaba muy malito y tuvo triste final. O en el Teatro Romano (barrio de Santa María). Construido en el año 70 antes de Cristo y descubierto por casualidad en 1980 es el segundo más grande de Europa fuera de los límites de la ciudad de Roma. Imposible no sentirse Marco Aurelio, Bruto, Ben Hur mientras se recorre. Las instalaciones y los complementos (montajes audiovisuales, paneles explicativos) ayudan, divierten. Entre un lugar y otro, subir a la Torre de Poniente de la Catedral para contemplar las vistas oceánicas y urbanas es recomendable para la salud mental y para la otra (los glúteos, aductores y gemelos lo agradecerán). Sólo es trepar por la escalera, respirar y ver. Sin más. Bajar es más fácil.

Yacimiento Gadir

 

4. Algo habrá que comer

Puede ser buena idea combinar el alimento espiritual con el físico. Que hay que comer. Durante este invierno han abierto en el centro de Cádiz hasta media docena de locales muy recomendables. En casi todos los casos, obra de jóvenes cocineros formados en la Escuela de Hostelería de Cádiz que han triunfado antes en otros lugares (con menciones en la Guía Michelin, muy frecuentemente). Ahora emprenden otras aventuras con todo ese bagaje en su ciudad natal. Los locales están a metros de distancia unos de otros. Puede hacerse una ruta de tapeo de lujo a precios muy llevaderos. Entre los nombres nuevos a buscar Salicornia, La Marmita Centro, Sonámbulo y La Curiosidad de Mauro. Todos abrieron entre el pasado verano y este. También pueden añadirse locales como Código de Barra, Sopranis y La Candela, que llevan algún tiempo más abiertos. En esta fantástica web, una enciclopedia práctica y prestigiosa de la gastronomía gaditana, pueden encontrarse todos los datos: direcciones, horarios, especialidades, orientación…

 www.facebook.com/curiosidad.mauro.barreiro

5. ¿Qué están cantando?

El Carnaval es la mayor fiesta de Cádiz, a un par de millones de años luz de distancia de la segunda. Es una tradición, una cultura, una forma de vida, un fenómeno de masas que en los últimos años ha saltado las fronteras provinciales y andaluzas subido a la ola de la televisión e internet. En verano hay numerosas ocasiones de acercarse a descubrirlo. Aunque las chirigotas callejeras o ilegales (y los romanceros) son las expresiones más brillantes y auténticas, las agrupaciones que van al Concurso del Falla (se celebra en enero y febrero en el teatro de ese nombre) merecen mucho la pena. El Paseo Marítimo será escenario de actuaciones gratuitas de varias de ellas con motivo de la celebración del Trofeo Carranza de fútbol. No tiene fecha definida pero muy probablemente se celebren, torneo futbolístico y actuaciones nocturnas sobre las aceras, en el primer fin de semana de agosto. No es lo mismo escuchar en mangas cortas pero para descubrir y reír, llega de sobra. Luego, el que esté interesado, tiene unos trillones de vídeos en youtube para profundizar. Y deberá volver en febrero, claro.

Hasta la prensa catalana se hizo eco del cambio


6. Festivaleros del mundo, a bailar

Alejarse por un día de la playa no significa alejarse del mar. En Cádiz es, físicamente, imposible. Pero también hay puerto, con asfalto hasta el borde del agua. Ese espacio es, desde hace dos años, escenario de un creciente festival llamado Nosinmúsica. La explanada del recinto portuario más cercana, y visible, desde el Paseo de Canalejas y la Plaza de San Juan de Dios (Ayuntamiento), sirve de sede para el gran escenario. Este año se celebra del jueves 20 al sábado 22 de julio y el cartel es impresionante. La calidad y variedad de los que actúan es tal que resulta complicado que no haya un artista o banda para cada espectador: Iván Ferreiro, Rosendo, El Langui, Amaral, Coque Malla, Sidonie, The Electric Alley, Miss Cafeína, Lori Meyers, M Clan, Los Zigarros, Quique González, El Kanka… Los horarios, las entradas y los detalles están en la web de la organización


7. Lo más importante del día

Si es usted adicta/o al desayuno, si le gusta regodearse y repetir, con lectura y pausa: dos propuestas en el casco antiguo, distintas en estilo y cercanas en lo geográfico, a tres minutos a pie. La primera es Le Poeme. Está en la calle Alcalá Galiano (muchos gaditanos aún la llaman con su antigua denominación de calle Londres), junto al Mercado Central de Abastos de Cádiz. Pequeña y en cuesta, tiene una exquisita gama de dulces franceses, elaborados en un obrador propio. Sus cuernos de crema, sus tartas y macarons son imprescindibles para los golosos. La atención de Marie es de una discreta elegancia, acorde a la repostería. De estilo muy distinto, el Café Royalty en la Plaza de Candelaria. Fundado en 1912 y cerrado tras la Guerra Civil, reabrió hace cinco años con una rehabilitación portentosa que lo convierte en uno de los cafés clásicos más interesantes de España. Los frescos de Abarzuza, el mobiliario y las antigüedades recuperadas son asombrosas. Mesas de mármol, bastante silencio, ventanales, percheros de cuando se llevaba sombrero, música en directo algunas noches, restaurante de nivel para almuerzos y cenas, con uno de los pocos desayunos brunch de la ciudad. Dirigido al turismo y con precios algo por encima de la media, claro, pero muy digno de visita y revisita.


8. Vamos de excursión

Para no caer en los pueblos que están más de moda (y masificados en algunos momentos del verano) puede ser apetecible descubrir otros municipios menos comentados pero absolutamente interesantes. Uno de ellos puede ser Rota. Con la ventaja de que es posible ir y volver en catamarán (otra vez el mar, pero sin playa) y descubrir una gastronomía asombrosa, pendiente de explotar por los vecinos de la provincia, mestiza por la presencia militar norteamericana desde los años 60 pero con cuidadas y recicladas tabernas de cocina tradicional. Un paseo por su casco antiguo con remate en el Castillo de la Luna puede ser una delicia completa. Para descansar de veras de la playa, nada mejor que ir tierra adentro. Apenas 40 minutos en coche, apenas a 40 kilómetros de Cádiz. Medina Sidonia, en lo alto de un cerro con vistas espectaculares a la Bahía de Cádiz encierra mucha historia, más blancura, esa paz añorada en lugares más poblados y un centro amurallado fascinante. Cuenta con varios de los mejores lugares para comer carne de caza, guisos casi perdidos y verduras criadas alrededor. Nombres como El Duque, La Duquesa, El Carbón o Bar Cádiz merecen búsqueda y visita, como su repostería tradicional de origen árabe. Cualquier paseo que culmine, o comience, en su peculiar, y rectangular, Plaza de España es un placer para los sentidos. Hay que avisar a antes a las piernas de que tendrán que trabajar. Todo es cuesta. Pero el disfrute, cuesta.